jueves, 8 de enero de 2009

De cara a la arboleda

Ahí

erectas plumas del campo

cubiertas de polvo añejado

por el paso del viento

que sigue su paso

hacia momentos idos



Ahí

brazos frondosos alzados

clamando el auxilio del agua infiel

nutriente de otros brazos

dejándolos abandonados



Ahí

las venas verticales

muestran su verde sangre

danzante al ritmo invisible

de un hombre que avanza enajenado

despojándolas de sus recuerdos

amansándolas hacia un hábito indecible

sinuosas bailarinas despojadas


Dónde se arroja lo arrebatado

cuál es el lugar definitivo

de los inútiles brillos fugaces

que da esa sangre natural


La reverencia obligada

saluda a las luces del ocaso

a la penumbra que ya se respira

el aroma insípido de la calma

cínico silbido suspensivo